Ocho profesores con angustia piden ayuda al defensor del docente
Marián Honrado. 12.04.2006
Reclaman apoyo tras sufrir agresiones de alumnos o denuncias por motivos nimios. El servicio funciona hace sólo tres meses.
Ansiedad, agobio o depresión son algunos de los males más frecuentes entre el profesorado. Casi doscientos docentes zaragozanos pidieron el curso pasado la baja por motivos de estrés y muchos otros viven cada día situaciones de presión.
En sólo poco más de tres meses, ocho docentes de Zaragoza angustiados han pedido ayuda psicológica al Defensor del Profesor, un servicio de asesoramiento telefónico que puso en marcha el sindicato ANPE en diciembre. Otros diez han acudido a este servicio en busca de orientación.
Al otro lado del teléfono, tres especialistas en magisterio y psicología atienden a los docentes. Su cometido es orientar a los compañeros que les llaman en busca de información y asesoramiento para afrontar sus problemas profesionales.
Las denuncias injustificadas contra los profesores constituyen el motivo más habitual de las llamadas. «Hay padres que denuncian por acoso o maltrato a un maestro sólo porque no hace el suficiente caso a su hijo o le deja un día sin recreo», explica Marián Casarrubios, una de las psicólogas del Defensor del Profesor.
Incluso bajas laborales
Para la experta Marián Casarrubios, los padres que denuncian suelen ser personas «polémicas, suspicaces, que ya han cambiado a su hijo varias veces de centro y que prefieren achacar a otros los fallos de los niños».
Estas denuncias consiguen que el profesor se sienta cuestionado, vulnerable e inseguro, y en muchos casos, derivan incluso en una baja médica. Los expertos aconsejan a los profesores que denuncien a estos padres por injurias, pero muy pocos adoptan esta medida. «Una vez que se soluciona el problema, lo único que quieren es olvidarlo», sentencia Casarrubios.
Quieren más mediadores
Los casos de acoso a profesores son una realidad aislada en los centros zaragozanos, según Manuel García, del sindicato STEA. La organización apuesta por introducir en los colegios a mediadores, asistentes sociales e intérpretes que complementen la labor de los docentes y ayuden a los chicos a integrarse, en un momento en el que cada vez las aulas son más heterogéneas.
Las claves
Asesoramiento en días laborales: El teléfono del Defensor del Profesor es el 915 220 827. Atiende llamadas de lunes a jueves durante la mañana y la tarde, y los viernes, sólo por la mañana.
Lloros e incomprensión: La mayoría de los profesores que llaman buscan, sobre todo, comprensión. Las situaciones de alta tensión son habituales. Casi todos los días se atienden dramas .
perhttp://www.20minutos.es/noticia/108913/l/#comentariossonales
servido por profesores
sin comentarios
compártelo
De los insultos en el colegio a la depresión
ANPE realizó un estudio entre el profesorado de la Comunidad de Madrid en 2004 que revelaba que casi nueve de cada diez docentes (un 87 por ciento) no se sienten protegidos por la administración; que ocho de cada diez (80 por ciento) han sido insultados o han sufrido la indisciplina de los alumnos, y que otro porcentaje casi idéntico de escolares (81 por ciento) le falta al respeto al profesor. En 2005, el sindicato elaboró un estudio coordinado por el servicio de epidemiología de la Fundación Jiménez Díaz que puso de manifiesto que tres de cada cuatro profesores de la Comunidad de Madrid (73 por ciento) se encuentran en riesgo de padecer enfermedades psíquicas como ansiedad o depresión. Siete de cada diez profesores que consultan al servicio de asesoramiento presentan síntomas de depresión y un tercio de ellos recibe tratamiento psicológico. Tres de cada cuatro casos corresponden a profesores a los que les resulta imposible dar clase. Una cuarta parte sufre amenazas verbales de los alumnos. Uno de cada diez recibe presiones dentro del centro, la mitad de éstos recibe también amenazas de los padres, en una proporción similar a la de los que han sufrido alguna agresión física. Y de todo este panorama son responsables fundamentalmente alumnos que apenas tienen entre 12 y 16 años.
servido por profesores
sin comentarios
compártelo
De los insultos en el colegio a la depresión
ANPE realizó un estudio entre el profesorado de la Comunidad de Madrid en 2004 que revelaba que casi nueve de cada diez docentes (un 87 por ciento) no se sienten protegidos por la administración; que ocho de cada diez (80 por ciento) han sido insultados o han sufrido la indisciplina de los alumnos, y que otro porcentaje casi idéntico de escolares (81 por ciento) le falta al respeto al profesor. En 2005, el sindicato elaboró un estudio coordinado por el servicio de epidemiología de la Fundación Jiménez Díaz que puso de manifiesto que tres de cada cuatro profesores de la Comunidad de Madrid (73 por ciento) se encuentran en riesgo de padecer enfermedades psíquicas como ansiedad o depresión. Siete de cada diez profesores que consultan al servicio de asesoramiento presentan síntomas de depresión y un tercio de ellos recibe tratamiento psicológico. Tres de cada cuatro casos corresponden a profesores a los que les resulta imposible dar clase. Una cuarta parte sufre amenazas verbales de los alumnos. Uno de cada diez recibe presiones dentro del centro, la mitad de éstos recibe también amenazas de los padres, en una proporción similar a la de los que han sufrido alguna agresión física. Y de todo este panorama son responsables fundamentalmente alumnos que apenas tienen entre 12 y 16 años.
servido por profesores
sin comentarios
compártelo

«Mis alumnos me han hecho llorar en clase»
? Los profesores piden ayuda y alertan de que la violencia en las aulas ya llega a límites insospechables ? Denuncian el afán de la dirección de los centros y las administraciones por ocultar los problemas ? Las bajas por depresión se disparan
Mar Villasante
Los problemas de violencia se concentran en las aulas de secundaria
Madrid- «Gilipollas» es lo último que un alumno le ha llamado a Luisa Claver, profesora de inglés en un instituto del barrio barcelonés de Trinidad. En sus 20 años de docencia ha visto y oído de todo, sabe perfectamente a qué «público» se enfrenta cada día («los alumnos son los que son y ya está», dice), pero pide «tener a alguien detrás que me apoye». Y es que el profesor, a menudo, se enfrenta con «la indiferencia, la desidia y la falta de sensibilidad de los órganos de gobierno».
No hace mucho, una intervención quirúrgica le obligó a ir a clase con los ojos hinchados y la cabeza vendada, que se cubrió con un gorro. Uno de sus alumnos, ecuatoriano de los Latin King, empezó a increparla: «Me dijo que me quitara el gorro, que de qué iba, con esa cara, una cosa muy vejatoria». La profesora exigió que se le abriera un expediente por su conducta impresentable. Pero la respuesta fue que «eso lleva mucha faena».
Las permanentes agresiones verbales e incluso físicas que sufren muchos profesores pasan en demasiadas ocasiones con indolencia ya no sólo ante los órganos de gobierno de los centros, sino ante la inspección educativa de las administraciones, que tratan de evitar por todos los medios que el problema vaya a más. «Prefieren lavar la ropa en casa y que no se hable de esto fuera», puntualiza Luisa Claver.
El resto de los profesores, o la mayoría, también calla. Los interinos, porque están a disposición del director para renovar las plazas el curso siguiente o para que les reclamen en otros centros. Los fijos, para mejorar su horario. «¡Es todo tan mezquino en la profesión!», se lamenta Luisa. Ella, en concreto, asegura que no suele tener problemas de disciplina en las aulas, aunque «un sólo alumno te puede boicotear una clase de veinte». «No siento vergüenza, sino pena», apostilla.
El caso de Josefa López, nombre ficticio, es bien distinto. Ella es profesora en un instituto de la ciudad de Valencia, aunque lleva meses de baja laboral «porque no puedo soportar la presión que me genera dar clases al primer ciclo de la ESO». «El clima de trabajo es inaguantable», relata a SOS Bullying, un servicio puesto en marcha por el sindicato de profesores ANPE para ayudar a las víctimas de acoso escolar.
La situación de quien dice llamarse Josefa ha llegado hasta tal punto que «he salido de clase llorando varias veces. Por las mañanas, al llegar al centro, se me hacía un nudo en la garganta y me bloqueaba de tal modo que me resultaba insoportable entrar en clase».
Cuando, ya derrotada, fue al médico para solicitar la baja, pidió que no constara su enfermedad, puesto que se sentía «impotente y avergonzada, como adulta y con un título universitario». Y lanza un mensaje desesperado: «Si no cambian las leyes sobre enseñanza y se preocupan de los docentes, la educación en nuestro país acabará con graves problemas, puesto que los profesores no podemos, ni merecemos, trabajar así».
Por el contrario, Luisa asegura que ha tenido rabia, nunca vergüenza, por la nula respuesta de una inspección. «Lo único que les importa es no tener problemas, y la única sanción que ponen es que el alumno diga que se va a portar bien, así que le sale gratis», explica . Esa impunidad permite que los estudiantes conflictivos campen a sus anchas. Con el problema añadido de que los padres tienden a ponerse de parte de sus vástagos: «Se les llama y no vienen, aunque a veces es casi mejor, porque acaban culpabilizando al profesor», cuenta la profesora de Barcelona que, a su vez, recuerda que «hace dos años vino el padre de uno y agredió al jefe de estudios», o que «a un profesor de inglés le destrozaron el coche». Para muchos docentes, utilizar el transporte público supone una garantía de que no la emprenderán a golpes y rayajos con sus vehículos.
Con este ambiente laboral, el número de bajas se dispara. En general, los problemas que afrontan los profesores en las aulas siguen un mismo patrón, como el que relata otro de los docentes que recurrió al asesoramiento de ANPE: «Soy profesor interino en un instituto y desde mi llegada al centro tuve problemas para dar clase. Una buena parte de los alumnos no paraban de hablar, se levantaban cuando querían y no había manera de hacerles entender que yo estoy allí para ayudarlos a aprender. Traté de hablar con los alumnos más conflictivos, traté de ponerme serio y nada dio resultado».
El docente en cuestión abordó la cuestión con sus compañeros: «todos más o menos tenían problemas con los mismos alumnos, pese a que iban tirando, no sin salir frecuentemente nerviosos, medio afónicos...». «El tutor -prosigue- me dijo que trataría de hablar con los padres, pero que la mayoría eran familias que no respondían o que no podían controlar a sus hijos. Sólo consiguió hablar con una madre, que le explicó que desde que se había separado no sabía con quién iba, en definitiva, que no lo podía controlar». El resto de las familias, ni tan siquiera acudieron al centro. De nada sirvió la expulsión de dos de los alumnos, «han vuelto con una actitud más chulesca todavía». Así que, adelanta el profesor, «yo lo tengo claro, el año que viene intentaré por todos los medios no trabajar en este centro». «Me cansa escuchar tanto hablar de integración, de tolerancia, de derechos de los alumnos... ¿y los alumnos que tienen ganas de aprender y trabajar?».
Luisa Claver incide en este contexto y asegura que los chavales «se han dado cuenta de que la mayoría de las veces sus conductas quedan impunes. Tienen derechos, por supuesto no deberes, y si pasa algo dicen “ah, pues le denuncio”».
«Ahora son los menores los que tienen todos los derechos, a los adultos nos pueden pisotear, insultar y vejar y no ocurre absolutamente nada», conviene otra profesora, que asegura estar cansada de escuchar que los únicos que sufren acoso escolar son los alumnos por parte de sus propios compañeros, cuando también los hay «que nos hacen la vida imposible». «Muchos docentes estamos cansados de alumnos maleducados, que son incapaces de comportarse debidamente en sociedad y simplemente se dedican a molestar, insultar, vejar y hacer insoportable la vida a sus compañeros y profesores», añade.
Un problema que, en su opinión, deriva de la «pésima educación que muchos padres dan a sus hijos, para que el niño no le moleste le dan todo lo que piden y así maleducan y forman a personas egocéntricas incapaces de ponerse en la piel de la otra». Un problema que, a su juicio, se solucionaría con la apertura de «escuelas para padres» en las que personas especializadas o psicólogos muestren a los padres el debido camino a seguir para conseguir la adecuada educación de sus hijos. Propuestas no faltan, aunque todos los profesores inciden en que es toda la sociedad la educa.
http://www.larazon.es/noticias/noti_soc30806.htm
servido por profesores
sin comentarios
compártelo
El 15% de las mujeres han sufrido acoso sexual en el trabajo durante el último año
Permalink 27.04.06 @ 08:36:18. Archivado en Sociedad
(PD / Agencias).- El 14,9% de las trabajadoras, 1,3 millones de mujeres, ha sufrido acoso sexual en el trabajo en el último año, según un estudio del Instituto de la Mujer, que refleja grandes diferencias entre las Comunidades Autónomas, con porcentajes que van desde el 22,2% de Cataluña, hasta el 6,5 del País Vasco.
En el estudio, presentado ayer por la secretaria general de Políticas de Igualdad, Soledad Murillo, se distingue entre el "acoso técnico" (las situaciones de acoso sufridas por las mujeres en su trabajo en el último año, independientemente de que las propias trabajadoras lo consideren acoso) y el "acoso declarado" (el considerado por la mujer como acoso sexual).
Según la investigación, el 14,9% de las trabajadores ha padecido acoso técnico y el 9,9% acoso declarado.
Acoso técnico
Siguiendo la definición de acoso técnico, el más común es el leve, que afecta al 14,7% de las trabajadoras (1.240.000 mujeres) y abarca desde los chistes de contenido sexual sobre la mujer a los piropos o comentarios sexuales sobre las trabajadoras, las peticiones reiteradas de citas, los acercamientos excesivos o los gestos y las miradas insinuantes.
Por su parte, un 4% de las trabajadoras (340.000) sufre acoso grave: preguntas sobre su vida sexual, insinuaciones sexuales, peticiones abiertas de relaciones sexuales sin presiones, presiones después de la ruptura sentimental de un compañero.
Junto a estos grupos, un 2,2% (185.000) padece acoso muy grave, con abrazos y besos no deseados, tocamientos y pellizcos, acorralamientos, presiones para obtener sexo a cambio de mejoras o amenazas, actos sexuales bajo presión de despido o asaltos sexuales.
Por comunidades
Por Comunidades, tras Cataluña, donde un 22,2% de las trabajadoras ha sufrido acoso sexual, se sitúan Andalucía (20,4); Galicia (16,4); la Comunidad Valenciana (15,3); Aragón (15); Castilla y León (14,9); La Rioja (12,8); Canarias (12); Castilla-La Mancha (10,9); Extremadura (10,8); Madrid (9,9); Baleares (9,6); Murcia (8); Navarra (7,8); Asturias (6,8); y el País Vasco (6,5).
Perfil de la mujer acosada
El perfil de la trabajadora acosada es el de una mujer menor de 34 años, soltera y cualificada y el estudio destaca también el mayor acoso que sufren las inmigrantes extracomunitarias.
En la mayoría de los casos (el 58,8 por ciento), quien protagoniza las situaciones de acoso es un compañero, en el 20,6 por ciento un superior directo y en el 14,3 un cliente.
Este comportamiento se registra más en los sectores de la construcción y la industria y en empresas medianas y grandes.
El acosador, en los casos graves y muy graves, suele ser un hombre casado (o con pareja estable) y con hijos, normalmente un mando intermedio.
Predomina la inacción
Según el estudio, predomina la inacción ante el acoso entre las víctimas, que optan por no hacer nada o por evitar a la persona, aunque a medida que se eleva la gravedad de la situación se incrementa la búsqueda de soluciones.
Murillo destacó la poca confianza que se tiene en la protección de la empresa, ya que sólo se acude al jefe superior en los casos muy graves y en niveles muy bajos: dos de cada diez mujeres que sufren abrazos no deseados y una de cada diez que ha vivido acorralamientos.
En el 56% de los casos, la empresa adoptó una respuesta pasiva y sólo en el 8,3% actuó cambiando de centro al acosador, expedientándolo o despidiéndole.
Ley de igualdad
Murillo, quien alertó también de la prácticamente nula confianza en las instituciones, subrayó la importancia de la próxima ley de igualdad, que dedica catorce artículos a luchar contra el acoso sexual y establece protocolos para las empresas.
Según sus datos, en 2004 la Inspección de Trabajo realizó 120 actuaciones en materia de acoso y discriminación sexual.
Necesidad de apoyo
Destaca en la investigación que sólo el 25% de las acosadas comenta la situación que está padeciendo, para lo que mayoritariamente eligen a otras mujeres, amigas o compañeras.
Del entorno, las víctimas destacan el apoyo incondicional, pero un 30,7 por ciento señala que el problema se minimiza, un 12,5 asegura que se le da la espalda y un 11,5 por afirma que se la culpa de la situación.
Según explicó Murillo, el acosador suele elegir a una mujer vulnerable, se granjea su confianza de forma paternalista y, después, quiere "cobrarse el servicio" y pide favores sexuales con presiones y amenazas.
2000 mujeres entrevistadas
El trabajo, realizado por Inmark Estudios y Estrategias, se ha basado en 2.007 entrevistas a trabajadoras, reuniones con expertos y seis historias de vida de mujeres que han sufrido acoso sexual en el trabajo.
Según se desprende de la investigación, el 92,4% de las encuestadas ve el acoso sexual como una forma de violencia y un 18,6% de las mujeres se siente discriminada en su trabajo por el hecho de ser mujer.
http://blogs.periodistadigital.com/ultimahora.php/2006/04/27/el_15_de_las_mujeres_han_sufrido_acoso_s
servido por profesores
sin comentarios
compártelo